viernes, 4 de julio de 2014

El Fútbol y mi vida

En mi familia el aficionado al fútbol era mi papá, que en resumen dormía muy bien los partidos, los dormía tan bien que al final tenia las estadísticas de cada uno de ellos, misterio que nunca me fue posible resolver, ese y la propiocepción extendida que tenia sobre el control del televisor. Gracias a él en mi casa hubo operador satelital (no me interesa hacer cuñas) y con el podíamos (no había mas opción cuando estaba en poder del control) ver las ligas extranjeras de fútbol y los partidos del mundial, esto data del año 1990.  Año en el que aun teníamos un Sony de 14", después llego la revolución tecnológica y compro un Sony de 34", que pesa como un rinoceronte muerto y que aún nos negamos a despachar a mejor vida.

Mi recuerdo más antiguo fue cuando nos llevo al Campin a verle hacer fuerza a Millonarios, mi papá decía que no era hincha, que simplemente se declaraba como fanático del buen fútbol, recuerdo bien que le gustaba el juego bonito de Brasil, el de antaño, el que él vivió.
De el aprendí que uno ve, pelea, madrea y duerme los partidos y que dependiendo del partido se goza más o menos el juego.

Las palabras técnicas y los tecnicismos del juego nunca me interesaron es más ni me interesaran, estrategias de fanáticos diría yo y los fanatismos en mi vida adulta he tratado de alejarlos lo más posible, son malos para el karma diría yo...

Mi siguiente ida al Campin fue en compañía de alguien que conocí en el 99 del siglo pasado, también seguidor de millonarios, a un partido contra el júnior, en el que vi por primera vez como en un espectáculo como es el fútbol existen fanáticos que son capaces de golpear a contrarios o a propios, por razones que me perecen completamente estúpidas; en ese momento empezó mi distanciamiento con el fútbol.  
Después regresé al campin  en el 2001 y noté como cada vez las cosas se ponían peor, no solamente era la presencia de inadaptados en los estadios, el juego decayó y cada vez era más monótono y fastidioso, así como los famosos comentaristas y expertos en lo que al parecer es un juego que: debería ser más natural y menos pensado en los patrocinadores y la plata limpia y sucia que merodea e inyecta podredumbres en un juego que los niños disfrutan, como me lo enseñaron hoy mis hijas, y hace que se vea correr sangre dentro y fuera de las canchas.

Hoy 4 de julio, vi como unos chinos, que se criaron dentro de todas las cosas buenas y malas que trae consigo  este juego y que muchas veces se separa del deporte, se dieron el lujo de hacer a muchos colombianos vibrar bajo la premisa de "ganamos" palabra que detesto que empleen por que los que se joden la vida son ellos, ellos triunfan y nosotros nos conmovemos, nos hacen felices, nos permiten creer que existe la posibilidad que varios colombianos logren cosas a titulo de un país que muy posiblemente no lo merece, y digo que no lo merece por que seguimos con la visión que aquí se celebra a sangre y fuego, no lo merece por que cada vez son más niños que ven el deporte como una forma de "salir de pobres" y no de divertirse, no lo merece por que en lugar de disfrutarlo como deberíamos cada vez son más las restricciones para poder reunirnos y verlo.  Son estas y otras más que hacen que en mi casa no veamos fútbol, no seamos ni hinchas, ni fanáticos, ni meros aficionados y que no me interese que mis hijas se formen dentro de esa masa deforme de pendejos que creen que por que por una camiseta se hacen matar.

Con este mundial y sus eliminatorias me di cuenta que todavía disfruto un poco de este deporte, que los chinos que están pateando el balón con la camiseta de Colombia, son más que un Falcao, que mucho tienen por dar, y que le enseñeñaron a la patota de expertos no era él quien se iba a echar solo al hombro el equipo, que gracias a una persona que no tiene nada que ver con el cliché del chibchombiano, era posible llevar a cabo un proyecto que rindió frutos, cumplió y supero las expectativas de la mayoría de los colombianos (me incluyo, desde el nivel de escepticismo que manejo) del cual creo que es posible que esta emoción sea posible de repetir en los próximos cuatro años.

Solo me queda creer que de este espectáculo que nubla panoramas enteros en nuestro país tiene algo bueno para dar, al parecer nuestros gobernantes podrían tener un medio con que enseñar algo de lo que se denominó "cultura ciudadana".



PD. Si de algo nos dimos cuenta con este mundial es que la podredumbre y el ansia de poder no es solo de los directivos colombianos, al parecer esa plaga también tiene raíces fuertes en otras latitudes.